martes, 11 de mayo de 2010

Miguel Ángel Dorantes Cabañas Agosto 30 1988 México DF México Panel 1



Miguel Ángel Dorantes Cabañas
Agosto 30 1988
México DF México
Panel 1

Conocí a Miguel un día en Arroniz, estaba sentado con un grupo de amiguitos cerca de una escultura de bronce. Demasiado cerca diría yo, tanto que me daba nervio su proximidad a la escultura. Entonces no sabía que Gustavo era buena persona y que ese detalle no le incomodaría en realidad. Lo miraba de reojo suplicándole al Señor que no le fuera pasar algo a la escultura. Entonces Miguel se veía como un niño, probablemente tenía poco tiempo que había dejado de serlo, era redondo y un tanto rubio obscuro, en sus ojos medios grises aún se podía leer cierto tipo de inocencia.

La siguiente vez que coincidí con Miguel (conscientes de nuestras presencias) fue en la exposición de Benjamín Torres en X Teresa (gran expo). De aquel muchacho sin malicia que antes vi aún quedaba un vago recuerdo, pero sus ojos grises se empezaban a inyectar de vida, buscaba aventura (lust for life, ¡Vaya! Eso se nota a kilómetros). Conjurando al destino él se unió al grupo de gente que de X Teresa partimos a la Faena para festejar. Yo iba con Judith y Orlando (Díaz), nos empezó a hacer la plática y nosotros como que le seguimos el juego pero no entendíamos mucho cual era su punto. Durante muchos años cuando alguien se nos acercaba no lográbamos adivinar sus intenciones del todo. Supuse que querría algo con Judith hasta que llegamos a 5 de mayo donde él se desviaría para ir con sus amigos al Río de la Plata. Le dijimos donde seguiríamos el asunto y se despidió de nosotros: De Judith de beso en la mejilla y conmigo con una extraña combinación de un apretón de manos, abrazo y lo que pudo ser el intento de un beso. Una cosa muy rara. Miguel después llego a la Faena donde platicamos un largo rato. Fue la única conversación extendida que tuve con el muchacho hasta hace poco.

Supe que Miguel estudio en un CEDART, que quería entrar a La Esmeralda y que si podía, quería hacer la carrera en Brasil o algo así. Miguel se considera asimismo un pintor. También entonces supe que aún era un niñito (tenía 19 años creo) cosa que me intimido un poco. Mi próximo encuentro con Miguel se daría por redes sociales. Apareció por ahí como amigo de Facebook de mi cuate Fernando, por la época en que empece con los retratos de hombres que se perdieron por el cierre de Consultorio. Lo pedí como amigo pero jamás contesto mi solicitud hasta que lo encontré en yasabendonde.net donde le pregunte una serie de cosas sobre él, que amablemente contesto. Después de eso me confirmo como amigo en Face, que es de donde saco el material para sus retratos. Para poder titular su serie, le pedí a Fernando que le preguntara su nombre completo, a lo que Miguel respondió un tanto paranoico, Fernando se puso nervioso y se vio obligado a decirle que la información era para mi; por lo que me vi obligado a explicarle parte del proyecto vía Face. Amablemente accedió a darme sus datos personales, yo prometí mostrarle su serie de retratos y quizás retribuirlo con copia de alguno de ellos. Recién lo acabo de ver el viernes en Marrakech pero nada mas, así a lo lejos.

Julian Opie dice que pasa largo tiempo con sus modelos antes de retratarlos. Un tiempo mezclaba las extenuantes sesiones fotográficas de donde saca el material (no es ninguna sorpresa que técnicamente Julian Opie sea mi referente mas obvio) con entrevistas insulsas, donde trataba de nutrirse con las opiniones mas simples que vertían sus modelos en ellas. En algún momento quiso acompañar sus retratos electrónicos con el audio de estas entrevistas, pero Opie, busca despersonalizar (hacer objetos) a sus modelos. Su búsqueda es una suerte de súper objetividad que le permite reconocer nuevos gestos o posturas de los retratados, una vez que estos han sido reducidos a materia. Es por eso que le incómoda tanto hacer piezas por comisión, puesto que el grado en que se involucra con el otro es demasiado, sin contar las sesiones fotográficas. Tanta familiaridad lo bloquea, necesita una distancia con el Otro. Los recientes retratos de Opie dan cuenta de ello. Son brutalmente detallados. Opie debe pasar horas enteras detrás de la computadora para lograr ese detalle, pero la elección de estos depende de que tanto Opie haya logrado desprenderse de cualquier vínculo emocional con el modelo. Encuentra algo que le gusta hasta que el Ser deja de revelarse y solo se manifiesta la esencia simple de las cosas.

Conozco un poco mas de los hábitos de Miguel por una combinación de 3 factores clave: Lo que veo en Facebook de él, lo que Fernando me cuenta y su nivel de actividad en yasabesdonde.net. Trato de armar las piezas de un tipo que no conozco y que probablemente me sería muy complicado tratar de conocer bien. Al contrario de Opie (mi referente inmediato) debo inventar los hilos con los que la persona se sostiene como personaje, puesto que Miguel es ajeno al proceso de ser retratado, es decir no lo busca y tampoco sabe cual es mi sistema interno de decisiones. Pero al final creo que de cualquier manera llego al mismo punto que Opie y Degas o incluso de Thomas Demand o Rineke Dijsktra (también referencias obvias de mi trabajo, bueno esta bien, no tan obvias). La única manera de hacer puntual un retrato (que a mi parecer es la única forma de hacerlo) es mostrar las cosas como materia, nada mas. Eso las hace inquietantes, invita a preguntar cosas. Un poco como Freud y su relación con la carne, ver al otro como un conjunto de cosas físicas que van mas allá de lo que son o de lo que piensan. Reducir al otro a su materialidad explícita. Y ya instalados como siempre en Degas o Dijsktra, reducirle la única oportunidad al Otro de Ser, Siendo.

Miguel es una persona en proceso, es muy joven pero ha tenido experiencias muy intensas. Los retratos que hago de él son de su viaje a Europa el verano pasado. Siendo un niño que se transforma en hombre con el viaje inicial hacia la adultez. Su imágenes y poses hablan de una vivencia distinta, de la mano del novio que lo lleva a Europa. Donde a pesar de todo (de las experiencias vitales fuertes según me cuentan) sigue siendo el pasivo de la relación, quien conoce, quien se deja guiar y quien va depositando sus ilusiones infantiles en los sitios donde decide retratarse. Este 1er retrato es en el Louvre, frente a un cuadro de Fantin-Latour: Un retrato de Degas. Hay todo un juego de lenguaje dentro del cuadro muy chistoso (del cuadro que yo retrato; de un pintor frente al cuadro de otro pintor que retrata a otro pintor), pero creo que donde podríamos poner atención es como él se representa como un pintor en ciernes, un niño jugando un juego de adultos; aspirando a ser parte de eso como "infante" y viviendo la vida como "adulto".

Basta de tesis doctoral:
¡Venga chicos!

3 comentarios:

  1. Carlos, en esta ocasión me has dado miedo. Hay muchas preguntas que tengo y que me parece demasiado abierto para hacerlas en un espacio como este.
    Siempre he admirado tu capacidad para ver más allá de lo superficial de toda clase de cosas, personas, conductas, redes sociales, piezas de arte, canciones, etc... pero en esta pieza, creo que en verdad lo ves en una especie de mirada antropológica, con el retrato de Ely, tenías esta distancia de no conocerla en persona, y que hasta cierto grado te daba más libertad de interpretar y crear un imaginario en torno a ella. Pero con MIguel, parecería que ya no sólo usas el imaginario y el simbólico sino también la Realidad, y creo que eso da un poco de miedo, esa relación con la intimidad de saber del otro y de desverarlo, es más creo que lo has desnudado más de la cuenta.
    Me parece interesante como con una sola imagen logras hacer un juego tan chido entre la imagen y la realidad.

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  2. Empiezo hablando de mi trabajo y mucho porque de ahí viene mi comentario:

    Creo que una de las cosas de las que nunca estoy muy consciente al trabajar, y que creo que eso cambió hasta que tú lo sacaste a la discusión, es el factor "retrato". Aunque suelo pasar, mucho o poco, por una cierta de idea de retrato con O'Rourke y músicos y escritores anexos, nunca lo había pensado como un retrato por derecho propio, sólo lo veía como dibujo. Hace unos días dibujaba a una modelo que será parte importante de la Moleskine Dublín; casi nunca dibujo mujeres, y el factor deseo y similares me vino a la mente mientras trabajaba, pensaba en qué fácil es hacer cualquier tipo de retrato (de dibujo) cuando eliminas ese factor de apego con lo que dibujas (vínculo amoroso, sexual, amistoso y similares). Cuando empecé con esta idea de dibujar las fuentes que ustedes conocen, resultó una especie de trauma pos-escolar (estoy de acuerdo con como lo dice Ramsés, aunque definitivamente le agregaría lo que dijiste después), ya sabes, tratar de eliminar estilo y gusto. Cuando tengo que describir lo que hago en dibujo me gusta decir que trato de dibujar como un documentalista, ya saben, fotografía blanco y negro, neutral. Cuando dibujo a Cobain u O'Rourke trato de reproducirlos con las mismas intenciones que si fueran logotipos o textos. Supongo que esta especie de desapego estético (pero definitivamente no emocional) es mi serie de filtros de distancia para retratar a alguien. Lo que quiero decir es que esto, lo que hacemos al retratar a alguien (a tu modo o al mío), estos grados de separación son, en casos de las personas que no conocemos directamente o no tanto como quisiéramos, una manera de acercarnos a ellos sin riesgos (y estoy pensando en términos de un artista, no de un fan), y creo que es una manera de acceso.

    (sigue)

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  3. ...Como si la única forma de acercarte a algo (de nuevo, pensando en arte) fuera manteniendo distancia. Regresando a tí, y aunque sin tenerlo muy claro todavía, coincido mucho con Ximena con que en este retrato las cosas se mueven en una manera extraña. Siento una especie de familiaridad un poco incómoda que con el de Ely ni siquiera me sugería (supongo es el plus de conocer las fuentes y saber que conocerlas es la mitad del acercamiento a la pieza). Hay algo de despiadado en este retrato, pero más por la crudeza y lo llano con que uno se acerca a él. Es como cuando ves una foto que no debías o hubieras preferido no ver al visitar la casa de alguien. La cosa del nombre y los datos casi como de análisis clínico, en este caso. Con Ely o Jim o Jeff o quien sea creo que no pensamos en el ser de la persona como algo suyo, sino como una entrada a la que tenemos acceso, algo nuestro. Es decir, que estamos hablando de nosotros. "¿Cómo sobrevivir a la experiencia del otro?" y esas cosas. En mi caso, los accesos via segunda y tercera y quinta y millonésima mano son en los que me puedo mover, pero cuando, como en este caso, se trata de una persona relativamente cercana todo se altera. Por supuesto, influyen factores que podríamos discutir más a fondo (las poses son distintas, el relajamiento ante la cámara, la composición y demás), pero, de primer golpe, lo que pasa en la pieza en la mera superficie, pasa.

    Sigo yo, le doy unos días de aireado y me va.

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